Acogimiento niños de Bielorrusia. 2005

Siempre me ha tocado cubrir con la cámara la llegada y la partida de los niños de Bielorrusia que organizado desde la Parroquia de El Espinar eran acogidos por varias familias de la localidad durante la temporada de verano. 

Despedida de un grupo de niños tras su estancia en El Espinar.
Despedida de un grupo de niños tras su estancia en El Espinar.

No tenía más relación con ellos que la de hacerles alguna foto cuando venían y luego cuando se iban, un poco más con una de las niñas, acogida por la familia Yagüe, porque coincidía mucho más con ella. A esta, Olga, hace poco que pude localizar de nuevo, ya está muy mayor, como todos los niños que pasaron por aquí.

Me consta que aunque ya no podían venir de forma oficial por superar la edad de acogida, y también por problemas legales en su país, han seguido manteniendo relación con las familias espinariegas, que los consideraban como uno más de su propia familia.

El momento de la partida era el más duro para todos, no solo para los niños y niñas.
El momento de la partida era el más duro para todos, no solo para los niños y niñas.

Esto se notaba en las despedidas, se veía en sus ojos vidriosos por las lágrimas, pues era muy duro marchar de nuevo a Bielorrusia o que los vieran marcharse, aquí vivían mucho mejor que lo que iban a encontrarse al regreso a su casa.

Hay muchas anécdotas que solo pueden contar las familias de acogida, cada niño o niña es un mundo, pero sí era común el interés para que tuviesen revisiones médicas, debemos recordar que son los llamados “niños de Chernobil”, afectados por el accidente de la central nuclear.

Cariño como medicina

Reconocimientos médicos, durante esa temporada la nutrición estaba basada en las carencias que sufrían en su tierra, pero sobre todo el alimento que más recibían era el cariño de los vecinos de la localidad.

Esta es una de esas buena experiencias cuando te toca hacer fotos, porque ves a gente feliz, que se hace una buena labor con ellos, y que se forma un sentimiento duradero en el tiempo.

De estos años también, en el 2002 en concreto, fue la adopción de Valentín, párroco de El Espinar, a Alosa, pero esta es otra historia,

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