Afilador gallego en moto afilando un cuchillo

Afilador gallego en moto Esta era una zona de paso de afiladores

Por eso de vivir en una de las carreteras estratégicas en las comunicaciones entre el norte y sur de la península, esta zona ha visto pasar por ella multitud de viajeros que con distintos motivos recorrían este camino.

Con cierta cadencia solían pasar por aquí los afiladores, casi todos de procedencia gallega, para buscarse la vida, unos en bici, otros en moto y los más modernos ya con un pequeño taller montado un la trasera de una furgoneta.

Moto con la piedra de afilar y el afilador con el chiflo en la mano
Moto con la piedra de afilar y el afilador con el chiflo en la mano

Por entonces cobraban hacia las 300 pesetas por afilar un cuchillo de alguna de las tiendas, sus habituales clientes, las enormes tijeras de las pescaderías, o las no menos pequeñas hojas de los cuchillos de las carnicerías, pero también atendían a los particulares, todo lo que sea trabajar y cobrar era bien recibido.

Afilador manteniendo una conversación con un vecino
Afilador manteniendo una conversación con un vecino

Tertulia a la vez que afilaban

A la vez que realizaban su tarea, unas veces tenían que dar pedales ellos mismos para hacer girar la piedra de afilar, otras veces usaban el motor de vehículo, esto era un poco más cómodo y rápido, mantenían una charla con el cliente, contando historias de su lejana tierra o preguntando por detalles de estas tierras en las que ahora estaban.

Afilador en plena tarea de afilado
Afilador en plena tarea de afilado, año 2001

Fotográficamente tienen su atractivo, también recuerdo que unos amigos se hicieron con una “tarazana“, una máquina fija de madera que servía para afilar, como tenían muchas tijeras en la sastrería, necesitaban en cualquier momento poder afilar alguna para poder trabajar, algunas veces he dado pedales en esta máquina para hacerla funcionar, aunque afortunadamente nunca me dejaron afilar a la vez, por el bien mío y de las tijeras.

Afilador con su moto buscando clientes
Afilador con su moto buscando clientes, año 2000

Poca literatura sobre el afilador

Gómez de la Serna tenía compasión de los afiladores porque tenían que llevar ellos el carro en vez de que el carro les llevase a ellos y añadía:

“…El afilador siempre viene de Orense, donde no le basta con el pequeño terruño que tiene y, en octubre o noviembre, emprende el camino de Madrid con su rueda al hombro, recorriendo pueblos y pueblos, en los que afila todas las armas, hace semana y pita después como un tren triste que se va. A la vuelta, si ha hecho dinero, vuelve en tren hasta la estación más próxima a su pueblo, o si no, vuelve a pie, volviendo a afilar lo desafilado y tocando el chiflo”.

¿Quién no recuerda escuchar un “chifle” o flauta de afilador alguna vez?