Angelito, responsable de la pista de coches de choque

Angelito el de los coches de choque En la imagen junto a mi primo Toñín

Hace unos días comentaba con un amigo la diferencia entre las fiestas actuales y las antiguas, cuando éramos jóvenes, recordando actividades que nos llamaban la atención o que nos gustaban por algo.

El vicio de los coches de choque

Si había una que gustaba a todos los jóvenes eran los coches de choque, por una vez al año podías conducir sin tener carnet; por un instante podías divertirte fuera de la programación habitual, o era participar en la Tómbola Marines, algo que los jóvenes no hacíamos porque no teníamos dinero y no nos llamaban la atención los premios que daban, o montar en los coches cuando conseguíamos una ficha.

Además de comprarla, raras veces, había alguno que se dejaban la paga en ello, recurríamos a buscar si a alguien se le había caído alguna mirando debajo de la pista. Pero sobre todo a Angelito, a la izquierda de la imagen, que se cansaba de tenernos todo el día merodeando y nos daba alguna con tal de marcharnos.

Larga temporada aquí

Era un personaje curioso, muy afable, sonriente siempre. Empleado de la pista, le gustaba venir a San Rafael porque era el final de temporada, todos los demás pueblos ya habían tenido sus fiestas, no había prisa por marcharse de aquí, eso implicaba que no había que recoger a toda marcha para montar en otra localidad.

Gafas de sol siempre

Siempre llevaba las gafas de sol de la imagen, raras veces le vi sin ellas, por la noche en alguna ocasión, con los ojos llenos de arrugas y pupilas dilatadas. Me imagino que sufriría alguna enfermedad como cataratas o más grave, pues nunca se las quitaba, ya fuese de día o de noche, con mucha o poca luz, se había acostumbrado a ellas y no sería bueno para su maltrecha vista comenzar a no usarlas.

No he vuelto a saber nada más de él, la empresa de su jefe dejó de traer los coches, de los que nos convertíamos en expertos mejor que los mecánicos de la F1, al poco de entrar en funcionamiento ya habíamos localizado cuál de todos era el más rápido, era el que nos permitía golpear más fuerte a otros coches e incluso levantarlos y dejar el nuestro debajo, uno de los objetivos que teníamos.

Música

Aunque éramos muy jóvenes y nos fijábamos más en los coches que en la música que solía acompañar cada carrera, solía poner lo mejor del momento, música buena de verdad, el placer era inmenso cuando mientras conducías te ponía a Deep Purple y su Highway Star.

Angelito, vaya nombre

No se me ocurre un mejor nombre para él, pero pronunciado con tono irónico, porque era lo menos parecido a un “ángel” según la concepción tradicional y religiosa. No era mala persona, pero tela con el “angelito” de los coches de choque.

Eso sí, cuando tenía que trabajar daba el callo, recuerdo que una de sus habilidades era la de no tener nada de miedo a las alturas, o lo que puede ser igual, nada de miedo a morir, trabajó en uno de los edificios más altos de Madrid, se subía por las vigas más cercanas al cielo, caminaba por ellas, sin estar atado ni temblarle las piernas.

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