Escena con seres mitológicos o fantásticos en la Plaza de Castilla de San Rafael. Año 1994

El Dimontre vuelve

Bueno, en realidad nunca me fui, pero con tanta gente subiendo al monte, unos que quieren hacer ejercicio caminando, corriendo y hasta en bici, otros que suben a recoger leña, la que necesito para no pasar frío en invierno, otros que van a recoger setas, menos mal que algunas las tengo hechizadas para que sean venenosas, y como yo soy inmune, no me dejan sin alimento. Todos estos hacen que permanezca escondido para que no me vean, porque no me dejarían en paz, me perseguirían, seguro que cuando subís por estos pinares siempre habéis tenido la impresión de que os vigilaban, pues es verdad.

Como ya he dicho, me alimento principalmente de setas y otros frutos del monte, aunque no os lo creáis, se puede vivir con lo que encuentras en estos pinares, además, como tengo unas grandes amigas con las que convivo desde siempre, las ardillas, me he aprendido dónde esconden bellotas, piñones, castañas y nueces, cuando tengo hambre acudo a sus despensas y les robo algunas.

Escena con seres mitológicos o fantásticos en la Plaza de Castilla de San Rafael. Año 1994
Escena con seres mitológicos o fantásticos en la Plaza de Castilla de San Rafael. Año 1994

Gracias a vivir y comer como las ardillas, he ido adquiriendo sus poderes, puedo ser tan ágil, subirme a los pinos, esconderme sin que me vean y ver desde cualquier rincón a los que suben al pinar. Se puede decir que soy invisible, aunque no me veáis cuando estéis paseando por el monte, seguro que sentís que os observan, soy yo, la agilidad que he conseguido me permite moverme desde el Caloco a al Peñón Juan Plaza en segundos, desde ahí pasar por Peña el Águila y recorrer la Garganta viendo quién sube o baja por cualquier camino.

A todo esto, no me he presentado, soy Dimontre, ya sabéis que en esta zona son muy aficionados a poner motes a las personas, pues eso hicieron conmigo, me vieron como un demonio nacido en el monte y claro, de tanto decir demonio del monte, demonio del monte, acabaron diciéndome Dimontre. No me importa porque me gusta vivir en el monte y ser un tanto travieso que no malo, pero solo con los que no cuidan mi casa, todos esto pinares que veis. Si alguna vez alguien se porta mal, ya me encargaré yo de que se lleve su merecido.

Antes de que subiese tanta gente a los pinares se vivía muy tranquilo, solo me cruzaba con algún cazador, al que espantaba las piezas, escondía las setas a quienes acudían a recoger níscalos y hongos, y hasta algunas veces hacía que se le cayese la carga de leña a los leñadores que subían al monte, hasta que se cansaron de que hiciese esas travesuras, indicándome que mi destino estaba en un árbol con una historia muy negra.

Desde ese aviso dejé de mostrarme a los que subían, siempre andaba escondido para que no me viesen, hasta hace poco tiempo. El temor que tenía era al árbol del ahorcado que está en la zona que vosotros llamáis el Caloco, junto a la ermita.

Como han cortado ese árbol, el único al que yo tenía miedo de acabar en él como si fuese una pera, secándome colgado al aire, ahora vuelvo a mostrarme de nuevo, ahora cuando subáis al monte con un poco de suerte me podéis ver, os vigilaré, y si puedo volveré a hacer alguna de las travesuras que tanto me gustaban. Ya sabéis, si vais caminando y tropezáis con una rama o piedra quizás no sea por culpa vuestra, si se os engancha una zarza a la ropa, puede que haya sido yo, y si vais a cruzar cualquier arroyo y acabáis resbalando y mojados, la culpa no es de las piedras, no se mueven solas.

Yo vivía en una peña a la que dí forma de casa, en un sitio con buenas vistas para poder contemplar todo el entorno, pero por eso de que comenzaron a subir y subir tuve que adaptarme a la vida al aire libre, y creerme que no me ha ido nada mal, gracias a que las ardillas que me como me transfieren sus poderes puedo sobrevivir mucho mejor.

Además, tengo poderes, si señor, tengo varios de ellos, como el de ver el futuro, puedo adivinar qué os va a pasar, por eso os recomiendo que no hagáis ningún mal al monte ni a los que en él vivimos, porque sabiendo vuestro futuro lo puedo cambiar, si, un poco vengativo soy pero por el bien de los demás. Si cuando volváis del pinar os entra demasiado cansancio, os duelen los pies o cogéis algún resfriado, no es por casualidad, seguro que tengo algo que ver en ello porque seguro que habéis dañado alguna planta, o espantado algún animalillo amigo mío.

Hay ocasiones en las que me pongo demasiado serio y alguien vuelve a casa con heridas, lo siento, pero si subes al monte no a disfrutar te puedes llevar ese recuerdo, si no fuese tan severo no podríais contemplar todo lo que ahora estáis viendo, ya lo habrían destrozado o quizás construido en él, esos son a los que más odio, que ningún constructor se atreva a pensar que puede montar aquí una de esas urbanizaciones que divisamos desde los cerros, aquí no es bienvenido y le echaremos por las buenas, o por las malas.

Me suelo mover por todos estos parajes que nos rodean, y solía convivir con otros seres del monte, algunos venidos del norte, a los que llamaban Mairuak, eran de gran tamaño y se dedicaban a hacer círculos con piedras desde los que hacían distintas celebraciones, seguro que nada buenas. Otros de los que vivían por aquí eran los trasgos, unos duendes capaces de hacerse invisibles o de mutar para convertirse en otros animales. De ellos adquirí la propiedad de pasar inadvertido, invisible para los ojos de las personas, así podía pasear entre los vecinos sin que me vieran, algunos notaban mi presencia pero pensaban que eran presencias de ánimas de otras personas y no se preocupaban más.

Uno de esos círculos de piedra era muy famoso entre nosotros, los habitantes del monte, estaba ubicado en San Rafael, junto al río pegando a las primeras casas habitadas.

Esos círculos de piedra que construían provenían de las raíces celtas que fueron repoblando poco a poco toda esta zona viajando desde el Norte de Europa, y se trajeron esas construcciones desde las que invocaban a hadas o brujas.

Esos círculos de piedra se llaman “moros”, y los solían poner en la zona del río para pedir que viniesen personas a la localidad a las que cometían sus fechorías, la robaban comida, dinero, maltrataban a sus caballerías.

Fue entonces cuando decidí que ya estaba bien, que dejaran tranquilas a las personas y tras luchar con ellos los arrojé al río junto a todas las piedras que usaban para hacer los círculos de sus hechizos, donde perecieron, por eso comencé a llamarlo Río Moros y así se quedó el nombre, porque no tiene nada que ver con otras historias posteriores de invasiones árabes ni nada similar.

Mirar, como me habéis caído bien os voy a contar una anécdota de la que todavía me estoy riendo. Hacia el año 1958 instalaron aquí una granja de visones sin pensar un poco porque ese animal no es de nuestros pinares y poco bueno podían hacer aquí. En esa granja trabajaba un señor llamado Eusebio que subía y bajaba siempre andando acompañado por dos grandes mastines para defenderle.

Pues bien, un día se tuvo que subir a uno de los robles de la zona, los perros comenzaron a ladrar con los pelos de punta, casi me daban miedo hasta a mi. La escena duró unos minutos, hasta que se calmaron, bajó del roble y continuaron la marcha hacia el pueblo.

Allí Eusebio, en su casa de la Calle doña Elena, una de las más antiguas de la localidad, contó la escena como que andaba un lobo cerca de ellos, y por eso los perros comenzaron a defenderse ladrando, y él se subió para ponerse a salvo.

La verdad, no había ningún lobo, era yo el que les seguía para hacer una de mis travesuras, y vaya que si lo conseguí, con susto grande incluido.

Pero ya os he contado bastantes cosas de mi vida y no es bueno que me conozcáis tanto que luego no puedo esconderme y hacer travesuras de las mías. Y hablando de travesuras, me voy que he visto hace unos minutos pasar unos ciclistas por estos caminos y me parece que algunos van a tener que arreglar un pinchazo en sus ruedas.

¡¡ Adiós dimontres !!

P.D.: Este texto solo pretendía sentar la idea, que después debía evolucionar, para crear una figura mitológica de la zona. Dentro del Femuka se lanzó el concurso de relatos en el que se presentaron cuatro, este uno de ellos. No supe nada más del fallo del concurso, lo que me parece una falta de cortesía ante quienes se han molestado en escribir unas líneas y colaborar en la medida que podían, que podíamos. 

El texto no tiene pretensiones literarias, solo ayudar si podía a generar esa figura con la que hacer en el futuro representaciones, iconografía, leyendas nuevas, etc…

Sí que tiene elementos verídicos el relato, otros son imaginarios.